hay personas que tienden a referirse a determinados muebles o edificios u objetos domésticos, como “de diseño” como queriendo así destacar que esos muebles, edificios u objetos domésticos tiene unas características estéticas que los convierten en “modernos”. la modernidad y el diseño no son sinónimos.
ilustración: luis echánove
normalmente, todo aquello que nos rodea ha necesitado ser dibujado, es decir, diseñado, previamente a su producción. desde un lápiz a un cohete espacial es necesario diseñarlo antes.
el diseño no debe entenderse como un ejercicio únicamente estético. esto nos llevaría a valorar los resultados únicamente desde un punto de vista subjetivo. se diseñan los objetos para que éstos cumplan una finalidad. si a ello le añadimos que estéticamente resulten como mínimo aceptables, estaremos añadiendo valor a la pieza. lo que hace que un diseño alcance la excelencia no es pues ni exclusivamente que cumpla su cometido de forma correcta, ni que resulte “bonito” o atractivo para la mayoría, si no una combinación de ambas variables, más otros factores relacionados con cuestiones económicas.
la razón por la que se identifica la expresión “de diseño” con “moderno”, podría radicar en el hecho de que se ha dado excesiva relevancia a esa fase del proceso, cuando, siendo efectivamente relevante, no es predominante sobre la funcionalidad o el coste de producción.
históricamente las piezas cuyo diseño ha resultado más duradero y han sido significadas como realmente excelentes, han resultado en muchas ocasiones obras aparentemente sin ningún diseño.
así pues, podemos decir sin temor a equivocarnos que nada es “muy de diseño” porque todo es de diseño.